Huertitas

La huerta de Ña Anto: “Todo se puede tener en un espacio reducido”

(Por Magali Casartelli) Desde hace 22 años Ña Anto (55), Antonia Núñez, es funcionaria de la escuela José Berges –se encarga del cuidado de las instalaciones-, y reside en un sector del predio con su marido y sus 5 hijos, en las inmediaciones del ex Hospital de Clínicas. Allí donde predominan el suelo de cemento, mostró con orgullo a Huertitas esa isla colorida y pujante de hortalizas y frutos que crecen alrededor de un árbol de guayaba: en macetas colgantes, palanganas, baldes o cualquier recipiente reciclado.

Allí, donde predominan las baldosas y el suelo de cemento, ella mostró con orgullo a Huertitas el modo en que lo hace: en macetas colgantes, palanganas, baldes o cualquier recipiente reciclado.

Allí, donde predominan las baldosas y el suelo de cemento, ella mostró con orgullo a Huertitas el modo en que lo hace: en macetas colgantes, palanganas, baldes o cualquier recipiente reciclado.

Macetas: todo se recicla
De un balde remendado se derrama un torrente de cebollitas de hoja. “Todo lo que puedo reciclo”, dijo. Si alguien desechó una palangana de plástico por estar rota, ella la recoge. Calienta un alambre y le hinca en los bordes, justo donde se produjo la rotura, esos surcos que luego sirven para zurcir las partes con alambre o cable.

En ese espacio breve ella tiene frutales, remedios, hortalizas. En una lista rápida, se puede citar al: romero, ajenjo, salvia, burrito, novalgina, ka’a he’e (hierba dulce), cedrón paraguay, cedró capi’i, artemisa, hinojo. Ky’yi (ají), locote, albahaca, perejil, cebollita de hoja, tomillo. Guayaba, mamón, banana, limón, frutilla – ¡sí, frutilla, en una palangana de plástico y esperando a que dé frutos en invierno!-.

“En mi casa no se consume gaseosa”, enfatizó, pues se usa la fruta que hay. “Si hay mucha banana, por ejemplo, hago mermelada”. Sus hijos valoran lo que hace pero tal vez no tienen la pasión que le mueve a ella. Y es hermoso escucharla relatar el modo en que sus nietos se entusiasman: cuando vienen están pendientes de ver lo que va brotando y creciendo.

Palanganas, baldes, latas, lo que sea.

Palanganas, baldes, latas, lo que sea.

Cómo cultiva. Compost
No prepara almácigo, es decir, no selecciona semillas, ni las planta en pequeños recipientes para ir cuidando los brotes y luego trasplantarlos. Ella tiene la destreza de quien hace años se relaciona con la tierra, “tiro la semilla y lo que crece ya empiezo a cuidar. Tuve una planta de tomate que me llegó a dar 100 frutas.

La clave, según ella, es el compost natural. “En esta casa no se tira nada de lo que se usa en la cocina”, pero todo tiene que ser con la ayuda de la lombriz porque fertiliza, aclaró. Como se reproducen muchas lombrices ella va quitando una y otra y las ubica donde necesita que hagan su trabajo. Esta labor beneficia por añadidura a su marido que tiene por hobby la pesca ya que no compra las lombrices, solo remueve la tierra que Ña Anto cuida, y le salen al paso unas cuantas.

La clave: el compost natural

La clave: el compost natural

Qué significa tener una huerta propia
Según esta mujer oriunda del departamento de Caazapá y que a los 15 años vino a Asunción, “da gusto arrancar y consumir de tu propia producción. Cuando estoy un poco melancólica ya me acerco de mañanita o tardecita y atiendo mis plantas. Es importante además porque sabés lo que estás consumiendo, por economía también. La tierra te da tanto”. Dijo que le mueve un deseo de ver y consumir algo natural.

Frutilla creciendo en una palangana.

Frutilla creciendo en una palangana.

Ña Anto nos contó que terminó su bachiller hace poco y hace dos años se recibió de docente. Los fines de semana va siempre que puede a Areguá, donde tiene su terreno y casa. Predominan los frutales pues como no tiene posibilidad de pasar mayor tiempo allá, no puede tener otras cultivos que podrían estropearse por la falta de cuidado. “La tierra y las plantas son toda para mí”.

Una afirmación que quedó para el recuerdo, propia de quien tiene una relación estrecha con la tierra, fue que “La gente dice: la planta no me quiere. Pero es la persona quien debe demostrar que le quiere a la planta”. Ella desmiente aquello de que solo algunas personas “tienen mano” para las plantas. Que solo se trata de apropiarse del sentido y el cuidado.

 

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