Huertitas

“Me considero una pequeña activista en esto”

En el patio trasero de su casa del barrio Villa Virginia de Lambaré, Luz del Puerto, una educadora de lengua y literatura, logró combinar plantas y flores ornamentales con una huerta en donde convive y se complementa una diversidad de hierbas aromáticas, medicinales, hortalizas y frutales.

Tener y comprometerse con una huerta y jardín es forzar una rutina en torno a las atenciones que un espacio así requiere. Juan Carlos Servián, también educador y marido de Luz del Puerto, no es el principal promotor de esta iniciativa en su casa, pero reconoce que “tener esto en casa precisa de atención diaria; mínimo, mínimo, 15 minutos al día”.

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Adelantar trabajo al frente de su notebook es más llevadero delante de ese microcosmos ante el cual puede reposar la mirada cada tanto, y en ese intercambio sin límites entre la naturaleza y el ser humano que la valora, dice Juan Carlos: me relajo regando las plantas.

“Me da pena cómo la gente llena de piso su patio”
Durante casi una década ella vivió en Alemania y, en ese lapso, tener que ajustar todo a un reducido balcón, le hizo valorar aún más el poder desplegar colores y aromas en un patio. Ya son 19 años desde que regresó, pero recién hace poco comenzó a ser una realidad el oasis de su espacio verde. “Me da pena cómo la gente llena de piso su patio”.

Fue en Alemania también que entró en contacto con gente del movimiento alternativo. Recordó que relacionan con la lógica del trueque o intercambio. Con sus plantitas y semillas suele hacer lo mismo. “Suelo regalar las plantitas de locote. Guardo las semillas de la fruta que consumí y las reparto entre mis amigas”, dice.

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Todo es transversal
Siendo docente de lengua y literatura enseña en dos colegios y dada esta pasión suya por cultivar, siempre busca vincular el tema a su materia. Menciona un fragmento del discurso del escritor mexicano Octavio Paz quien al recibir el nobel de literatura en 1990 apostó por un mensaje de marcado tinte ecologista.

Además saca una fotocopia de un libro que últimamente lee y relee y recomienda: “Vivir mejor con menos” de Patrick Rivers.

La cultura del agro
“Es necesario recuperar la cultura del agro”, dice mientras hojea un libro sin tapa, con desteñidas hojas que al correr van lanzando ecos de los años setenta tal vez. Probablemente sería un libro escolar de ciencias naturales y salud de aquellos tiempos.

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Lo interesante es la mención clara y directa que hace, tanto en sus ilustraciones como en el texto, de la importancia de cultivar y de valorar los árboles. Ella, quien señala que poder preparar té con sus propias hierbas es un placer, también observa que la diversidad de cultivos hace que haya insectos variados y benéficos. Y todas estas observaciones y apreciaciones son producto de esa cultura ya inserta en ella.

¿Qué diversidad convive en el patio de Luz?
Plantas y flores ornamentales crecen y se complementan con: romero, ajenjo, menta, poleo’i, ruda, cedrón capi’i, burrito. También albahaca, orégano, puerro, kuratu , aloe.

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Tiene, además, locote (amarillo, verde, rojo), tomate, cebollita – “es muy útil los domingos para la cocina. Suelo aprovechar las que compro cortando solo las hojas y volviendo a plantar las raíces”- . Los frutales no faltan con: limón, acerola, pomelo.

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