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Para comer mejor, tenemos que volver a cocinar en casa

El cocinero Alejandro Servián nos sugiere cambiar la manera de comprar alimentos, adelantar pasos semanalmente, elaborar un menú y conocer lo que nos pide nuestro cuerpo.

Cuando no está haciendo panes o pizzas en su emprendimiento D’Alessandro Pizzería, se le puede encontrar visitando comunidades o ferias de semillas indígenas y campesinas, cocinando jopara en una plaza como rechazo al agronegocio o aportando en la distribución de las canastas agroecológicas de la red Mercadito Campesino.

Se desplaza por estos ámbitos y forma parte de una generación de cocineros y cocineras de Paraguay y Latinoamérica que cada vez más vienen sintiendo que cocinar mejor implica también salir de la cocina.

Para la gente que quiere tener una mejor alimentación, para él la clave está en cocinar más y dejar de comprar comida hecha.

Lo que busca la industria de la comida hecha, envasada o megaindustrializada, es buscar una efectividad, una relación de costo de venta. Es lo único que interesa a esta industria. También a estos alimentos se le agrega una cantidad innecesaria de grasa o sal para que sea más sabroso y  opaque a otros alimentos hechos de manera más natural,  pues el cerebro humano tiene receptores que cuando comemos grasa , sal y algunos otros alimentos genera un efecto químico de satisfacción, dice.

Cocinar en casa puede ir de la mano con otro paso inicial, que es dejar de comprar del supermercado y empezar a comprar de las redes agroecológicas que existen en la ciudad (aquí una lista de ellas), incluso si deseáramos continuar con los mismos alimentos que venimos comiendo.

La vida en la ciudad, como tendencia, nos deja pocas posibilidades para cocinar y disfrutar de una comida entre semana. Prácticas como cocinar de antemano los fines de semana, congelar y sacar estas comidas del congelador durante la semana, nos abre muchas posibilidades, explica. “Es mucho más fácil pelar cebollas o tomates de un tirón, que ir pelando cada día lo que vas a usar”, dice.

Otra cosa muy útil es tratar de identificar qué es lo que nos gusta comer y armar una lista de menús, así tenemos a mano las cosas que podemos cocinar, sugiere.

Para él una muy buena opción son los caldos, hacer caldo de zapallo, de puchero, de gallina en buena cantidad de antemano, para acompañar y complementar nutritivamente en la semana cualquier comida.

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Alejandro Servián

Frente al consumo de gaseosas, recomienda las aguas saborizadas, que llevan menos frutas, verduras y azúcar que un jugo. “Un agua de pepino, un agua de menta y limón, un agua de jengibre… Cortás en rodajas el pepino, agarrás hojas de menta y metés dentro de una botella con agua y dejás reposar en tu heladera y ya”,dice.

También los jugos verdes a partir de la combinación de una verdura y una fruta abren un sinfín de posibilidades sin la necesidad de usar azúcar o edulcorantes. Una de ellas es la de remolacha y jengibre.

Mucha gente quiere empezar a comer menos pan, para reemplazarlo -dice- hay opciones con otras harinas en panaderías de Gran Asunción.

“Pero la harina de trigo en sí es solo relativamente nociva para la salud, en realidad lo que hace mal en muchos de los casos son otras cosas alrededor del pan, como los cortos tiempos de reposo de la levadura, por ejemplo”, explica.

Para él es clave saber qué pasa con nuestro cuerpo cuando a veces parece que nos pide comer ciertos alimentos. “Por ejemplo puede ser que te esté pidiendo azúcar (los carbohidratos, al entrar al cuerpo, se convierten en azúcar). Entonces en vez de comer pan, podés buscar otros carbohidratos, como papa, mandioca, batata…fáciles de hacer, hervís o tirás al horno”, dice.

Hay muchas alternativas a los lácteos, como las leches vegetales, leches de semillas o frutos secos, de nueces, almendras… (aquí: receta de leche de maní o cocido manduví) que se hacen dejando en remojo las semillas, sacándole la piel, licuándole con agua y finalmente colándole. Lo que queda en el colador, podemos usar en otros preparados (aquí: receta de galletitas de maní)

“Si vamos a consumir lácteos, leches, yogures…tratemos de comprar aquellos que no tienen tantos procesos de conservación y pasteurización. No consumir las leches ultra archi pasteurizas. Y es preferible comprar queso casero, leche casera…en cuanto a salud y en cuanto a sabor es mejor”, dice.

Recomienda que pensemos todo el tiempo lo que buscamos que aporte cada ingrediente cuando le agregamos a la comida, por ejemplo si hablamos de queso, a lo mejor buscamos que aporte sabor o cremosidad…y en cada caso se puede echar mano de otros ingrediente que lo reemplacen.

FOTO: Jekuaa/ Facebook de Alejandro Servián

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