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Cómo logramos reducir en un 80% nuestros residuos domésticos

Una sola práctica dentro de nuestra rutina puede marcar diferencias.

Te contábamos que al mudarnos a Areguá nos encontramos con un servicio deficiente de recolección de basura. Ya empezaba a ser común tener que guardar bolsas durante varios días hasta que pasara de vuelta el recolector.

Decidimos hacernos cargo de nuestra basura y no depender más del recolector. Confiábamos en que con ciertas prácticas ecológicas podríamos reducir al mínimo nuestros residuos y la basura restante iba a ser pequeña.

Pero antes de hacerlo, pesamos y registramos la cantidad de residuos que generábamos en una semana: 21 kg.
Desde la primera semana sin recolección de basura nos apoyamos enteramente en la práctica del compostaje de residuos biodegradables. La basura de la que no pudimos deshacernos sólo pesó 4 kg.

De generar 21 kg de basura por semana pasamos a generar solamente 4kg, gracias a la práctica del compostaje: ¡redujimos en un 80% nuestra basura!

En esta bolsita acumulamos todo aquello que ya no pudimos compostar ni reciclar. Es lo acumulado en una semana

Llamamos biodegradables a todos los que se descomponen al entrar en contacto con la tierra, como cáscaras de hortalizas y frutas, papeles sin impresiones, cartones, yerba, borras de café, cerillas de fósforo, poda del jardín, hojas secas…

Y lo no degradable son plásticos, vidrios, hules, goma, hierro, escombros…
Las ventajas del compost saltan a la vista, no solo porque puede ayudar a una familia (escuela, barrio, ciudad) a minimizar sus residuos, sino por sobre todo porque genera uno de los mejores abonos para el jardín/huerta, y de forma integral aporta con las prácticas ambientales benéficas que nuestro planeta precisa.

Desechos orgánicos

No en todas las casas probablemente la reducción sea del 80%, eso puede variar de acuerdo al tipo de alimentación que tiene cada familia: en casa la dieta descansa principalmente en hortalizas/frutas y menos en alimentos empaquetados.

Con el compostaje como punto de apoyo, y por sobre todo mirando otras experiencias inspiradoras, ahora estamos profundizando en otras prácticas más para procesar residuos que no podemos compostar: sachets, latas, hules, residuos del baño, botellas de vidrio…

Sachets: Lavamos, damos vuelta y usamos como bolsita para plantines.

Latas: Lavamos, les sacamos los filos, pintamos y las convertimos en planteritas de colores que hoy están en todo el patio.

Hules: Estos son de lo más difícil, hasta ahora solamente se nos ocurrió juntarlos. En lo que sí avanzamos es en comprar cada vez más nuestros de alimentos de las ferias barriales (esto implica llevar nuestras propias bolsas y recipientes) y cada vez menos de los supermercados, el reino de las bolsas.

Residuos del baño: Como es puro papel, se nos ocurrió quemarlos una vez a la semana.

Botellas de vidrio: A la hora del consumo de bebidas embotelladas preferimos las retornables. Si a pesar de esto se amontonan botellas, las empezamos a usar como bordes de los camineros, canteros y de la huerta.

Botellas y envases de plástico: Son de los más fácil de reutilizar. Es cuestión de juntarlas y entregar a las familias recicladoras de la ciudad.

 

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