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La huerta: ese espacio de permanente aprendizaje para niños y niñas

A partir de tareas puntuales en nuestro jardín, los más pequeños y pequeñas de la familia pueden acceder a un proceso pedagógico intenso y placentero, que les podría marcar de por vida.

Unas de las cosas más gratificantes de esta práctica es que en la medida en que nos involucramos, nos llena de aprendizajes y resultados que nos hacen crecer diariamente. Eso todavía puede ser más aprovechado cuanto más temprano empecemos, por ejemplo, desde la infancia.

Por excelencia la huerta es un espacio de comunicación, entre los adultos y la naturaleza. Y también es un espacio de mediación, entre nosotros y otras personas, como nuestros pequeños y pequeñas, como relata esta experiencia.

Hay una serie de aptitudes y enseñanzas que tus niños y niñas pueden ir adquiriendo a partir de ciertas tareas en las que podemos involucrarlos y que, de hecho, les resultan placenteras.

niñas huerta

Foto: Terramater

Aunque habrá variaciones de acuerdo a la edad y la personalidad de cada personita, actividades como regar, podar, trasplantar, sembrar semillas, cargar y descargar tierra, pintar planteras, armar los cartelitos con nombres de los cultivos, clasificar el semillero, organizar el basurero con residuos orgánicos, cuidar los brotes bebés, cosechar, les encanta.

En cada una de ellas duermen aprendizajes como el sentido de responsabilidad, causa y efecto, la admiración por los elementos naturales involucrados , el conocimiento de las especies vegetales y de insectos, del proceso de obtención de alimentos, el respeto de los tiempos de la naturaleza y la invalorable toma de conciencia de que somos capaces de producir nuestros propios alimentos .

A esto le podemos sumar los conocimientos de asociación de plantas y sus efectos, la combinación de alimentos en la mesa, su preparado y otros hábitos saludables de nutrición, como también hablar de los beneficios terapéuticos de la huerta para niñas y niños de una sociedad que los superestimula.

Es muy probable que un niño o niña que participe de este proceso se convierta en un adulto sensible hacia el medioambiente y el proceso alimentario. Como todo proceso pedagógico, es cierto, implica una iniciativa nuestra y probablemente mayores esfuerzos y paciencias, sobradamente gratificantes.

«Los peques se prenden con gusto a las actividades de la huerta. Les gusta mucho tocar la tierra, cargar abono en las macetas y luego sembrar. Sienten una atracción muy grande hacia las semillas, les gusta mucho sembrar y luego ver cuando nacen las plantitas. Una de las actividades favoritas de los niños en la huerta tambien es regar. Y por supuesto, lo máximo es cosechar. Un niño o una niña que cosecha una zanahoria jamás se olvida de esa experiencia y quiere repetirla una y otra vez», dijo a Huertitas la ingeniera agrónoma Soledad Martínez.

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